A nadie parece importarle que del Sol crezcan hiedras, pero peor aún, nadie parece temerle a la fuga de girasoles, que ya no giran en su búsqueda, que fulminan la razón de su vida subiendo una escalera al cielo.
A nadie le importa que los pétalos se extingan por cegarse.
¿Y qué hago yo si te
volvés girasol?
¿Y qué
hacés vos si me vuelvo hiedra?
Y que hago yo si me mata el mismo veneno...
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